jueves, 22 de diciembre de 2011

JANE EYRE

Reseñar este libro supone para mi revivir una decepción literaria muy marcada. Aunque me repita mucho reconociendo que las comparaciones son odiosas, siento la necesidad de hacerlo ya que si me interesé por Jane Eyre fue precisamente a través de Cumbres borrascosas. No solo eso, sino que al ser un clásico indiscutible, di por hecho que la novela tenía que ser forzosamente buena, y ya que Emily Brontë se ganó mi absoluta admiración con su novela, pensé que su hermana Charlotte tenía todas las papeletas para ser otra referente.

Pero no. Para empezar, y por si alguien no lo sabe, Jane Eyre es una novela publicada en 1847, primera pista para hacernos una idea de la temática o al menos del lenguaje que se va a usar en la misma. Otro detalle importante es que Charlotte Brontë, al igual que su hermana Emily, tuvo que publicar la novela bajo un seudónimo masculino: Currer Bell. Una segunda pista, y es que ciertas historias no podían (o debían) ser contadas por mujeres: hablamos de una época en la que casi todo era un escándalo. 

La novela es la historia de la joven Jane Eyre, narrada en primera persona. La protagonista es una persona sencillamente desgraciada. Hija de un clérigo, sus padres murieron al poco de nacer y quedó bajo la tutela de su tío (hermano de su madre) y su mujer. A la muerte de su único pariente, queda bajo la absoluta tutela de su viuda, que por supuesto, odia a la niña. El libro comienza precisamente cuando Jane recuerda su tormentosa vida en casa de esa mujer y sus tres hijos, dos niñas y un niño que se dedican a maltratar física y psicológicamente a Jane, utilizando una crueldad que ni su tía ni los criados excusan. Al contrario, desde niña le inculcan la idea de que es una persona horrible y sin posibilidad de perdón de Dios. 

La tía, al más puro estilo de madrastra de Cenicienta, envía a Jane a Lowood, un internado extremadamente religioso en el que las niñas sufren verdaderas penurias: el hambre, el frío, la enfermedad y la muerte son el día a día de ese colegio. De esta manera Jane se encuentra totalmente sola en el mundo: sus parientes por fin se han librado y desatendido totalmente de ella, por lo que decide salir adelante haciendo lo único posible en ese momento: luchar contra el hambre y el frío y estudiar. Así pasan ocho años, seis estudiando y dos de maestra en el propio internado cuando algo se remueve dentro de ella y sus ansías de ver y conocer mundo más allá de los muros de Lowood le hacen poner un anuncio en el periódico donde se ofrece como institutriz.

A partir de aquí empieza por fin "la acción": entra a servir a una mansión en la que su pupila es la protegida de el señor Rochester, o como ella lo llama, el señor. Convive con el ama de llaves, la niñera, la niña y un par de criados hasta que el señor vuelve a la casa. Y como es de esperar, Jane se enamora

Pero no podemos olvidar que la protagonista es una persona que atrae a la desgracia y aunque el señor Rochester corresponde a Jane, hay que tener en cuenta la inmensa carga de religiosidad que tiene el libro, verdaderamente obsesiva, y en la que todo está prohibido, además de la nula autoestima de la joven y los desprecios de los miembros de clase alta (amigos del señor) y el secreto que la chica descubre: Rochester está casado, y su mujer, completamente loca, vive escondida en el último piso de la mansión. Jane huye despavorida, dejando solo y desolado a su enamorado. Sin dinero ni familia, la chica se dedica a vagar buscando recursos y de esa forma se desarrolla la novela casi hasta el final, que aunque no lo voy a destripar (a pesar de haberlo hecho casi con todo el libro), creo que queda bastante claro que es un final inmensamente feliz que ni por asomo pega con el resto de la historia.

Dicen que Jane Eyre es una novela que habla sobre la diferencia de clases. Estoy de acuerdo, pero es mucho más que eso. Si bien hay que partir de que Jane es constantemente rechazada y repudiada por no tener fortuna ni ser de alta cuna, al final todo ese argumento es totalmente desmontado por la propia Jane, que constantemente está hablando de la igualdad de las personas ante Dios pero solo se envalentona cuando cae en sus manos una fortuna. Otro detalle que no me ha gustado absolutamente nada es el juego manipulativo en el que cae constantemente con el señor Rochester: el hombres es cruel y mezquino, retorcido y bastante egoísta, y ella cree que usando la ironía consigue no solo controlar al hombre, sino ganarse su respeto. Lo que hoy en día consideramos un abuso sobre una debilidad, Charlotte Brontë lo relata como algo absolutamente normal: una mujer solo es un objeto en manos de un marido y con el deber de aguantar todo lo que le vuelque encima. Jane no tiene derecho a queja ni voto a menos que se lo concedan, y sin embargo ella se cree con el control de actos y retórica

Vuelvo a añadir que el libro tiene una sobredosis religiosa bruta. Sabía de antemano que las hermanas Brontë son hijas de un clérigo y que Charlotte se casó con un reverendo, por lo que la religión estuvo presente con mucha fuerza durante toda su vida. Además ella y sus hermanas pasaron un tiempo internadas en un colegio religioso, del que se sabe que se inspiró para el internado Lowood. Aun así, después de haber leído Cumbres borrascosas, creía que el tema religioso estaría muy a la par: presente, pero no obsesivo. Craso error, porque en Jane Eyre la obsesión no solo de la protagonista, sino de varios personajes, con la religión y Dios es agobiante, sobre todo porque no la usan como consuelo, sino como amenaza, castigo y premio solo al alcance de algunos. Terrible de verdad.

En general la historia me ha parecido deprimente. Reconozco que Jane es un personaje con capacidad de supervivencia y mucha fortaleza física para el enclenque cuerpo que describen, pero es un personaje bastante pesimista que se empeña en destruir sus propios sueños. Posiblemente sea una actitud real de la época, en la que como digo, las mujeres no eran nada más que un instrumento de trabajo y maternidad, pero ni por asomo creo que Jane Eyre merezca ser catalogada como heroína.

La narración me ha transmitido malas vibraciones, y me ha costado acabar el libro, que es larguísimo (600 páginas). Creo que se pierde bastante tiempo en la descripción de paisajes y metáforas, aunque lo cierto es que estas son excepcionales y el hecho de que la historia no me haya gustado, no quita que me haya parecido un libro bien escrito, con imaginación (especialmente por la historia de la mujer que la escribe, ya que me parece muy interesante tener en cuenta las circunstancias que llevan a los autores a escribir sus novelas) y talento. Por eso, la puntuación que le doy al libro es "Bueno", porque creo que un clásico siempre merece la pena ser leído y es una oportunidad de conocer cómo funcionaba no solo la sociedad clasista, sino la mente contaminada de una mujer de la época, que en este caso es para mí una clara mezcla de autobiografía y deseos reprimidos de la propia Charlotte.


JANE EYRE
Random House Mondadori - DeBolsillo, año 2010
PVP. 9,95€






Charlotte Brontë
21 de abril de 1816 - 31 de marzo de 1855


Otras portadas de Jane Eyre...






3 comentarios:

  1. Vaya qué pena! yo he leído Cumbres borrascosas que me gustó mucho y este lo tenía entre mis posibles, pero por lo que has contado no sé si me animaré con él...
    me encanta como quedan las mafaldas! :-)
    un beso y felices fiestas

    ResponderEliminar
  2. ¿Están lindas, verdad? ¡Pues no veas que maña se dio la responsable! ;)

    Creo que Jane Eyre vale la pena leerlo, siempre y cuando no tengas otros pendientes en la lista, porque este clásico lo tendrás a mano siempre... Aunque en mi opinión, ya lo sabes: Cumbres borrascosas le da diez mil vueltas!

    ResponderEliminar
  3. Como ya te he comentado el libro lo leí de jovencita y a esa edad las percepciones suelen ser diferentes a las que se tienen en la edad adulta. De leerlo ahora, que no creo que lo haga, igual me parecería un plomo. Tu reseña, al contrario del libro, me ha resultado muy amena y bastante completa y coincido contigo en que Cumbres borrascosas es un libro estupendo. Un besazo.

    ResponderEliminar

Whoever you are, now I place my hand upon you, that you be my poem...

(Walt Whitman, 1855)