miércoles, 15 de febrero de 2012

LAS ARDILLAS DE CENTRAL PARK ESTÁN TRISTES LOS LUNES

Por fin. Es lo primero que he dicho cuando he llegado a la última página. "Por fin he terminado el libro...". Y es que no lo soportaba más.

Cuando leí Los ojos amarillos de los cocodrilos, me quedé fascinada. La historia de Josephine me pareció preciosa y el juego que daban los personajes secundarios no hacían sino mejorar la novela. Me gustó tanto lo que se contaba como la cercanía de sus personajes, que podíamos ser todos y cada uno de nosotros. 

Después llegó El vals lento de las tortugas, y me gustó mucho también. Me pareció una buena idea ver una avance en los personajes: los adultos comenzaban a superarse, los niños dejaban atrás la infancia y ese paso se planteaba de forma sencilla y real. Se añadieron ciertas escenas que no resultaban del todo creíbles, pero sí imaginables y de nuevo, Katherine Pancol creó otra historia con enganche y un éxito en ventas.

Cuando salió la tercera parte, me quedé dubitativa. No me suelen gustar las terceras partes, me parece estirar demasiado una historia y con alguna excepción muy marcada, casi todas las que he leído me han decepcionado. Pero me lo regalaron la pasada Navidad, y ya que los dos primeros me habían gustado tanto, me di la oportunidad.

"La vida, a menudo, se divierte y, escondido en una palabra, una sonrisa, un billete de metro o el pliegue de una cortina, nos entrega un diamante capaz de colmar todas nuestras expectativas. Para Joséphine el diamante podría ser la propuesta de su editor de que escriba una nueva novela, las llamadas de Philippe a las que no contesta o la incondicional amistad de su amiga Shirley. ¿Será Joséphine el diamante de Philippe? ¿Y cuál es el que persigue Shirley? Alrededor de estos tres personajes, todo un abanico de jóvenes -Hortense, Gary, Zoé, Alexandre- buscan también el diamante que ha de cambiar sus vidas para siempre, dejándose guiar por esas pequeñas piedras que van encontrando en el camino. Porque si nos detenemos un instante, si observamos con atención y nos atrevemos a coger lo que nos ofrece una mano tendida, la vida, probablemente, no volverá a cubrirse de tristeza. Ni el sábado, ni el domingo, ni tampoco el lunes…"

Pues bien, lo cogí hace una semana y desde el principio supe que no me iba a gustar. Los personajes son los mismos que en los anteriores libros, no hay novedades en ese aspecto si no contamos con algunos que solo se mencionan de pasada o por rellenar hueco. 

En Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Josephine tiene un papel absolutamente cansino. En el primer libro era una mujer insegura que tiene que salir adelante sola, en el segundo es una mujer insegura y dominada pero que comienza a ver la luz y a envalentonarse ante la vida. A partir de ahí, yo esperaba una Josephine valiente, que ha aprendido la lección (sobre todo porque entre libro y libro pasan dos o tres años, tiempo que considero suficiente para ello), pero por el contrario, sigue regodeandose en la inercia. En esta lectura asistimos a un baile kafkiano, en el que cuando parece que se está superando, de nuevo comienza a subestimarse: "soy fea, soy tonta, no soy nadie, no valgo nada, soy insignificante, soy invisible, no tengo voz, no tengo voto". De pronto se arma de valor y comienza a decir "no", un paso muy importante para ella, pero de nuevo da marcha atrás: "no soy digna del hombre al que quiero, no puedo competir con otras mujeres, no valgo para nada". Agotadora. Josephine es agotadora. Y además se le desarrolla la vena "pastelera", como yo la llamo, e imagina situaciones con Philippe dignas de Romeo y Julieta, las cuales, por supuesto, nunca realiza.

Shirley, su amiga, también se transforma. Se abre al amor de Oliver, un hombre que conoce en Londres, y se le derrumba el mundo. Una paradoja curiosa: una cosa positiva desemboca en otra catastrófica. Más o menos después se explica el por qué de esa catástrofe dando un paseo por el pasado de Shirley, pero como todo en esta novela, tiene un final feliz. Su papel en la historia es menos cargante que el de Josephine, pero me ha resultado muy aburrido.

Añadimos también a Philippe y el papel de calzonazos en el que le veo metido, a su hijo Alexandre, que después de perder a su madre en el libro anterior, apenas tiene protagonismo (como su padre), y la verdad es que me ha dado mucha pena, ya que la pérdida de un padre o una madre a una edad tan temprana me parece algo interesante en lo que ahondar.

Por otro lado están los jovenes: Zoe, Hortense y Gary. La pequeña Zoe, con quince años, se encuentra con que quiere ser adulta pero está más cómoda siendo niña. Se inicia en el sexo con su novio, pero ahí he visto un fallo increíble: mantienen su primera relación y en ningún momento se deduce que hayan usado anticonceptivos. Yo creía que eso iba a dar juego con un embarazo o un retraso, pero en absoluto, el tema no se vuelve a mencionar.

Hortense y Gary, por otro lado, se pasan la novela discutiendo como el perro y el gato y acostándose juntos cuando se reconcilian. La chica sigue en su línea de "soy la mejor, soy única, soy una diva", todo lo contrario a su madre; y Gary busca su lugar en el mundo al principio de forma bastante creíble, pero luego la cosa se desmadra en la misma línea que el resto.

Los únicos que a mi juicio han dado juego en la novela son Marcel, Josiane y Junior; que aunque son tan surrealistas que parecen de ciencia ficción, sobre todo el niño, que es superdotado y la autora ha exagerado eso hasta el extremo, derrochan ternura y eso les salva.

Otra cosa que me ha parecido odiosa son los calificativos de Hortense para con los demás. Rebaja, humilla e insulta constantemente a todos, y como insulto, usa repetidamente la palabra "discapacitado", algo que veo muy desafortunado. Por mucho que exista gente que se comporte así, creo que en ese tipo de novela es algo que sobra. 

Tampoco me ha gustado el popurrí. Como decía, hay un par de personajes secundarios que dan algo de juego porque sus historias conforman vidas paralelas que distraen la atención de los personajes de siempre, pero esto dura muy poco, y me parece que es lo único interesante del libro. Al principio parecía que los capítulos, o los repartos estaban en un orden concreto (cada trozo es un personaje y van en orden), pero no, la cosa va de un lado a otro de forma anárquica, y el lector se puede olvidar de un personaje totalmente hasta que vuelve, o por el contrario, echarlo de menos y que apenas vuelva a aparecer.

Por último, todo me ha sonado muy repetitivo. Había veces que parecía que estaba releyendo fragmentos de los anteriores libros en los que se han cambiado algunas palabras. Ha habido dos detalles finales que han terminado por resultarme muy cansinos. Uno ha sido el uso constante de frases en inglés, muchas de ellas sin traducción. Eso viene sencillamente a que gran parte de la historia se desarrolla en Londres y por lo tanto, han pasado del francés al inglés, pero me ha parecido una tontería totalmente innecesaria. Lo segundo es que en muchas páginas, algunas frases vienen marcadas por un (*), y al pie de página una anotación: *Los ojos amarillos de los cocodrilos / *El vals lento de las tortugas; otra cosa innecesaria ya que si lo que se pretende es remitir al lector a las novelas anteriores, por esa regla de tres, deberían dedicar páginas enteras al tema y añadir los (*) a todas y cada una de las frases...

No me ha gustado absolutamente nada. Hubiese preferido no leerlo, porque al menos así no hubiese terminado por coger manía a los personajes que tanto me gustaron en su momento. Creo que Katherine Pancol ha terminado por fastidiar su obra empujada sólo por el éxito comercial.

Sé que muchos no compartirán está opinión, muy al contrario. He oído y leído varias veces durante esta semana que el libro es buenísimo y que me iba a encantar. Algo tendrá para cuando le ha gustado a tanta gente, pero personalmente, creo que este libro lo único que consigue es cargarse todo el conjunto.


LAS ARDILLAS DE CENTRAL PARK ESTÁN TRISTES LOS LUNES
-Katherine Pancol-
La esfera de los libros, año 2011
PVP. 21,90€



8 comentarios:

  1. Pues vaya decepción ¿no? yo de esta trilogía no he leído ninguno aunque reconozco que los tengo entre mis lecturas pendientes, aunque este tercero tendré que pensármelo
    besos

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  2. Las terceras partes siempre dicen que son malas xD.
    Naa, la verdad es que estos libros no me atraen nada...y eso que las reseñas siempre son buenas (o por lo menos la de las dos primeras partes).
    Al final caeré jeje.
    Un saludo!

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  3. No he leído ningún libro de esta saga... había leído de todo sobre esta colección, pero vaya remate con este tercero ¿no? se le quitan a una las ganas de intentarlo.

    Lo que más me ha llamado la atención es que la evolución de los personajes (teniendo la autora tantas posibilidades) haya sido tan negativa. Pero está claro, cuando se quiere estirar tanto las historias, ocurren estas cosas. Si malas suelen ser las segundas partes, las terceras, en ocasiones, son el acabose.

    Un beso.

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  4. Jajajaja me ha encantado tu reseña. Básicamente pienso como tú solo que tampoco me emocionaron esas mujeres artificiales que nos presenta la autora.
    Si acaso fueron más novedosas que aquí ya llegamos cansados... pero vamos, que creo que ya te comenté que de este libro se salvan frases sueltas que no dejan de ser reflexiones de servilleta de bar, que leí una vez a Trueba.
    Besos

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  5. No he leído ninguno de la saga, pero tampoco me interesa. Al principio los títulos me despertaron curiosidad, y lo tuve presente para leerlos; pero ahora nada. Sinceramente no creo que lo mire si lo veo en la librería. Además el género no es de mis preferencias...
    Un abrazo.

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  6. Sí, la verdad es que aun me dura la rabia... ¡me siento estafada! Vale, igual es demasiado, pero me ha fastidiado un montón que la tía se cargue dos libros tan bonitos con un tercero tan malo... Ahora no quiero leerme el de Zafón, ¡por si acaso!

    Besos a todos!

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  7. que nombre más gracioso! a ver que tal :)

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Whoever you are, now I place my hand upon you, that you be my poem...

(Walt Whitman, 1855)