lunes, 20 de febrero de 2012

EL CAFÉ DE LOS CORAZONES ROTOS

El viernes me pasé por la librería a por un encargo y ya que estaba allí, me puse a mirar (como si no tuviese bastantes libros para leer...). Tenía en las manos dos libros de Maeve Binchy, una autora que me encanta, otro de Andrea Camilleri y alguno más, cuando me fijé en la portada de El café de los corazones rotos. Y sencillamente, se vino conmigo a casa.

El día que Dell descubre que su marido, Chase, le es infiel, recibe una llamada del sheriff anunciándole que acaba de quedarse viuda. Sin poder creerlo, va a identificar el cuerpo y efectivamente es Chase el ocupante de la camilla, que se ha muerto dejándola sin respuestas. Pero las explicaciones no es lo único que se ha llevado: el banco anuncia a Dell que su situación económica es precaria y con un futuro más bien pesimista, así que algo tiene que hacer.



- Hay dos cosas en la vida de las que un hombre nunca se harta – me decía mi madre -: Un buen plato de comida y un buen abrazo.
Y con lo del abrazo se refería al sexo, claro.


Y entonces alguien le sugiere que para ganarse la vida, haga lo que mejor sabe hacer: cocinar. Sin saber muy bien como, en plena cincuentena y con una situación emocional confusa, Dell saca fuerzas para montar su propio negocio: Heartbreak Café, donde da desayunos, almuerzos y comidas. Contra todo pronostico, el negocio se mantiene con dificultades, pero al mismo tiempo la viuda comienza a derrumbarse: necesita saber quién era la mujer con la que Chase le era infiel y la idea no deja de torturarle.

Al mismo tiempo que ocurre todo esto, el lector asiste no solo a la vida y los sentimientos de la propia Dell; sino que también conoce a sus amigos: Boone, Toni, Cuesco, Scratch, Peach y Purdy, un grupo de personas de lo más variopinto y sin apenas puntos en común excepto su amistad con Dell, por lo que todo se vuelve más ameno, ya que la diferencia de vidas, situaciones y formas de ver las cosas son totalmente distintas y uno se ve en la clásica situación en la que rápidamente puede encariñarse con algunos y odiar a otros.

Cuando parece que tanto El café de los corazones rotos como el propio corazón de Dell comienzan a estabilizarse y sanar, Dell recibe otro golpe que no esperaba, con un efecto colateral peor: el banco ha decidido quitarle el local y desahuciarla. Resignada y aceptando el fin de las cosas, la protagonista comienza a recoger los bártulos, pero la gente que la quiere y a la que sin saberlo, ha sanado el corazón, no están dispuestos a perder la cafetería ni a Dell...

El café de los corazones rotos me ha encantado. Es una de esas novelas que para mi llevan todo lo que un buen libro tiene que tener: un ritmo ágil, diálogos, narración y descripción a partes iguales, que tenga un lenguaje cercano y que se traten dos temas imprescindibles: las relaciones y los sentimientos. Si además se le añade la superación, ya tiene mi visto bueno asegurado. 

En este caso, se trata sobre todo de la lealtad. Aunque desde el principio asistimos a una infidelidad, a partir de ahí el peso lo lleva la amistad, la confianza y el apoyo. El libro en sí es un canto a las personas que aunque no tengan lazos de sangre, forman una familia por su incondicionalidad. 

Aunque gran parte de la acción se desarrolla en la cafetería, la comida no es el punto fuerte. Si bien se mencionan mucho los platos que cada uno come o lo que Dell decide preparar, lo que me pareció una sorpresa fueron las recetas que vienen en las últimas páginas. Esto me recordó mucho a los libros de El club de los viernes, con la diferencia de que estas recetas me parecen mucho más sencillas y apetecibles.

Otra cosa que personalmente me ha encantado, es el formato del libro. De tamaño bolsillo, tiene tapas duras pero lomo flexible, y las páginas son finitas, con lo cual es muy agradable para sostener de forma cómoda sin hacer ese pequeño esfuerzo para mantener el libro abierto cuando las cubiertas son flexibles. 

En resumidas cuentas, no es una novela que destaque por su composición, pero sí por su contenido. Es una de esas pequeñas joyas que uno se encuentra a veces entre montones de libros y que no cambiaría por nada. Además tiene un enganche increíble y se lee de forma muy rápida, me fue casi imposible soltarlo hasta que lo terminé. Un diez para Penelope Stokes, que me ha cautivado con su cercanía y ternura.


EL CAFÉ DE LOS CORAZONES ROTOS
-Penelope Stokes-
Zeta Bolsillo, año 2011
PVP. 6,95€




11 comentarios:

  1. Estaba tan feliz leyendo tu reseña y diciendo "éste me lo apunto, me lo apunto" hasta que he llegado a lo de El club de los viernes que no me gustó nada, de hecho no lo pude ni terminar, y lo peor de todo es que tengo la segunda parte. Obviaré ese pequeño detalle porque por tu reseña creo que sí me gustaría. Las galletitas de la portada recuerdan al de Criadas y señoras y ese sí que me encantó. Besos.

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  2. jajajajaja STOP!!! DANGER!!! ATCHUNG!!! PAAAAAAAARA!!!! No no no no y mil veces no! Lo que me recordaba a "EL club de los viernes" es que al final del libro hay algunas recetas, porque es el único libro en el que lo he visto ¡¡nada maaaaaaaaaais!! ¡¡lo juro por Dior!!

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  3. Con razón, como no lo pude ni terminar, ni llegué a tiempo de enterarme de que había recetas además de tanto punto, jajajaja. Menos mal que me lo has aclarado. ¡Hala, a la lista!

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  4. Menos mal, ya me tenias hiperventilando...

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  5. Está en mi lista! lo quiero! no puedo resistirme

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  6. Hace poco que lo descubrí y lo tenía anotado en mi lista de lectura, pero después de leer tu reseña no me queda ninguna duda ¡lo quiero!
    besos

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  7. UY me ha encantado la sinopsis y tu reseña!!!!!Me tengo que hacer con el!
    Un saludo!

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  8. No sé si me gustará tanto el libro como la reseña que has narrado. Veré si lo encuentro por ahí en mis paseos por las librerías.

    Un abrazo

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  9. La sabiduría popular dice que tras una situación emocionalmente estresante y negativa somos más vulnerables a sufrir enfermedades, especialmente relacionadas con el corazón. Un estudio reciente intenta confirmar científicamente esa asociación. Artículo relacionado con la cardiopatía isquémica

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  10. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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Whoever you are, now I place my hand upon you, that you be my poem...

(Walt Whitman, 1855)