sábado, 2 de julio de 2011

NUNCA OLVIDES QUE TE QUIERO

Con Nunca olvides que te quiero finiquité junio. Lo terminé el 30 a la tarde y aunque al principio no me convencía por lo liante que puede llegar a ser, a medida que avanzaba me atrapó totalmente y al terminar puedo decir que me ha gustado bastante.

Es la historia de Madison, una niña de once años que es secuestrada por un hombre que la encierra en una habitación previamente construida para ella. Con la inocencia y ternura que caracteriza a una niña de su edad, Madie durante su cautiverio va escribiendo sus vivencias en unos cuadernos que logra que su captor le compre a regañadientes.

A la vez, la madre de Madison va escribiéndole cartas que guarda y no muestra a nadie, contándole cuánto la echan de menos ella y su padre, y recordándole que ella sabe que no está muerta aunque todos se empeñen en meterle lo contrario en la cabeza, porque ella la siente en el cuerpo y la siente viva, como sólo una madre puede sentir a un hijo. 

Y al mismo tiempo que escriben madre e hija, Stanislas, el joven que era vecino de la familia de Madie y enseñaba a jugar a tenis a la niña, va narrando a tiempo real su propia vida, teniendo siempre presente a Madie (que estaba y sigue enamorada de él a pesar de los diez años de diferencia que los separa). La vida de Stan es la de cualquier joven que se va a estudiar a la capital, se enamora, rompe el corazón, se lo rompen a él, sale, va y viene y siempre acordándose de Madison y sintiéndola un poco también.

Lo cierto es que la historia me recuerda mucho a la de Natacha Kampush: el secuestro de una niña de aspecto nórdico, años de cautiverio en un zulo de la propia casa del captor, una huida años después cuando se presenta la oportunidad, vuelta al mundo real y la prensa acosándola día y noche. No sé si el libro está basado en esa historia, en la que por suerte y en la línea de la ternura que maneja, no hay abusos sexuales, pero puestos a elegir una novela de secuestros, me gustó muchísimo más La Habitación. 

El libro es entretenido y si bien tiene su enganche, al principio es bastante lío, porque hay un salto de personajes y narraciones que cuesta entender y un exceso de nombres que situar. Lo que más me ha gustado ha sido el origen de la frase que da título a la novela: la madre de Madison escribía al final de todas sus cartas "Nunca olvides que te quiero. Mamá."



NUNCA OLVIDES QUE TE QUIERO
-Delphine Bertholon-
Editorial Grijalbo, año 2010
PVP. 8,95€

lunes, 27 de junio de 2011

Anatomía de Grey: Felicidad

Pocas series me han enganchado tanto como Anatomía de Grey. Lo que más me fascina de la serie es la variedad de personajes con sus caracteres y actitudes ante la vida y situaciones, y sobre todo, los monólogos del principio y final de cada capítulo. 

Me parecen realmente buenos, y es que aunque muchas veces a los guionistas se les va la mano con ciertos capítulos que se tornan surrealistas, los monólogos creo que no dejan indiferente a nadie. El que dejo a continuación lo han titulado RADIANTES DE FELICIDAD.


Se suele creer que el pensamiento positivo ayuda a llevar una vida más feliz. De pequeños nos decían que sonriéramos y que pusiéramos cara de estar contentos, de mayores nos dicen que miremos el lado positivo, que no hay mal que por bien no venga y que el vaso está medio lleno. A veces la realidad se impone y te impide comportarte como si fueras feliz. La salud te puede fallar, tu pareja te puede engañar, tus amigos puedes defraudarte, en esos momentos solo quieres aceptar la realidad, olvidar las apariencias y ser tu mismo, asustado e infeliz.
Si le preguntas a la gente qué quiere en la vida, la respuesta es sencilla: ser felices. Pero quizá sea esa expectativa, querer ser felices, lo que nos impide llegar a serlo. Quizá cuanto más intentemos obligarnos a ser felices, más confundidos estemos, hasta que ni nos reconocemos. En vez de eso seguimos sonriendo, e intentamos ser esas personas felices que quisiéramos ser, hasta que nos damos cuenta que lo hemos tenido delante. Ni en nuestros sueños, ni en nuestras esperanzas, sino en lo que nos hace sentir cómodos, en lo que conocemos.
-ANATOMÍA DE GREY-
Cap. 22 / T6


Más monólogos de la serie.

viernes, 24 de junio de 2011

Fragmento: Ella, que todo lo tuvo

De pronto, de las sombras surgió una lumbre, una serpiente esfumada, y, detrás, un hombre ceniciento y deshilachado, de cabellos muertos y ojos vivos, le pidió una moneda a cambio de una rosa marchita. 

Tiró su cigarrillo al suelo y un polvillo de fuego se desprendió creando una arco rojo. Mientras le entregaba la flor, el desconocido la miró fijamente.


-Señora... - le dijo -, se le nota en los ojos una inmensa cicatriz.


Ella lo miró interrogante y, sin saber por qué, le contestó.


-Es lo único que me queda.

-Pero aún no ha sanado, le supura. Póngale un parche, que por ese agujero se le puede escapar la vida... y créame, quedarse sin vida y viva es lo peor que le puede suceder.




ELLA, QUE TODO LO TUVO
-Ángela Becerra-

jueves, 23 de junio de 2011

EL CUADERNO DE MAYA

Dice Isabel Allende en una entrevista que se publicó hace poquito que un día les preguntó a sus nietos qué opinaban de sus libros. Y le respondieron: "Jo abuela, ¿cuándo vas a escribir algo que nos interese a nosotros?".

"¿Y qué les interesa a ustedes?"

Así, Allende empezó a indagar sobre qué podía interesar a un público más joven del que normalmente son sus lectores. Investigó sobre las preocupaciones, las debilidades, los intereses y los anhelos de los jóvenes de hoy. 

Y así nació El cuaderno de Maya.

Maya es una joven nieta de una chilena que quedándose viuda durante la dictadura de Pinochet, huye con su hijo a Canadá, donde conoce al africano que a partir de entonces será su marido y el amor de su vida. Cuando su hijo, piloto, les deja al cargo de la recién nacida Maya, a la cual su madre no quiere y él no puede ocuparse de ella; se convierten en sus abuelos-padres. 

Pero la vida de Maya comienza a torcerse en la adolescencia, donde experimenta con drogas, malas compañías, alcohol y sexo. Todo esto se magnifica con la muerte de su abuelo, que no hace sino acelerar todo y Maya cae en picado a lo más bajo, al inframundo entre humanos, a convertirse en una escoria que todos evitan mirar.

La historia de Maya es narrada en primera persona, son cuadernos que escribe desde Chiloé, una islita remota en Chile donde tiene que pasar un año escondida y totalmente incomunicada: le persigue el FBI, la CIA y todo el cuerpo policial imaginable. 

Poco a poco, alternando pasado y presente, Maya representa lo más bajo y lo más débil de cualquier persona, convirtiéndose también en un ejemplo de superación y recuperación de la dignidad perdida.

Es una historia que claramente está orientada a un público joven, pero como añadió la autora en la entrevista, "El libro es para los jóvenes, por algo está dedicado a los adolescentes de mi tribu (como ella llama a su familia), pero lo puede leer cualquiera, sencillamente porque el que quiere leer, lee." Y nunca mejor dicho.

Me ha gustado muchísimo. No tiene la profundidad de otras de sus novelas, como La casa de los espíritus, Paula o Eva Luna, pero ha sabido crear una historia con auténtico enganche, con el misticismo clásico de Chile que añade en todos sus libros y con la frescura que le ha caracterizado siempre.


EL CUADERNO DE MAYA
-Isabel Allende-
Plaza & Janes Editores, año 2011
PVP. 23,90€


Más sobre Isabel Allende.


M.

viernes, 17 de junio de 2011

Esto queda... muy lejos.

Nunca se me ha ocurrido poner música en el blog, pero hoy de pronto me he acordado de Tam Tam Go. 

Ese grupo arrasó cuando yo tenía 14 años con el disco "Nubes y Claros", más concretamente con la canción rayante que arrasó por todo local provisto de una barra y altavoces: Atrapados en la red. Por si alguien no lo tiene claro todavía, me refiero a esa canción rayante cuyo estribillo empieza diciendo la siguiente genialidad: 

Teditodomiamorarrobaloooofpuntocoooomytúmehasrobarobarobarobadooolarazóooon...

Vamos, que ni García Lorca en sus mejores momentos.

Bueno pues el tema es que acabé hasta el gorro de la cancioncita de los huev... y por llevar la contraria, se me ocurrió la genial idea de escucharme veinte veces todo el CD, a ver si había alguna que me gustase más para que cuando Bea (la que entonces era mi compañera de pupitre en clase) empezara a las nueve de la mañana a tararear  la frase de turno, que si no era el principio del estribillo, era el final... 

("mandameunimeilqueteabriremibuzónytehagounrinconcitoenelarchivodemicorazóooon")

Pues pudiese ponerme yo más chula que un ocho a cantarle otra. (Mis geniales ideas adolescentes, sep... Pero es que me tenía al límite de mi paciencia y después de tanto tiempo juntas en clase, ya era inmune a mis borderías.)

Pues bueno, resulta que escuchando el CD me gustó una canción. Pero me gustó en serio. Vamos que en vez de escuchar todo veinte veces, me escuché la canción unas treinta seguidas, hasta que me la aprendí. Tenía catorce años, estaba con las hormonas locas y el mundo quedaba muy lejos; pero lo puedo resumir todo citando a Albert Espinosa: "Creo también en la ternura. Mercero decía que, si había los diez terroristas más buscados, tendrían que existir los diez ternuristas más buscados. La ternura es casi como un delito. Yo creo mucho en la ternura. Es importante."

Sencillamente, me pareció que canciones así era lo que hacía falta, cosas bonitas, esperanza. Después de mucho tiempo de no acordarme de ese grupo que me sacaba de mis casillas pero luego me enternecía, hoy he vuelto a escuchar la canción. 



LOS BESOS QUE NOS QUEDAN
Tam Tam Go!
Nubes y Claros, 1999

jueves, 16 de junio de 2011

No.

Con libros y a lo loco

El lunes Koldo me regaló El cuaderno de Maya (eskerrik asko Knsiglieri!!), la última novela de Isabel Allende. Enseguida terminé No me iré sin decirte adónde voy, y aunque tengo otros cinco esperando entre los sujetalibros, y El mundo amarillo que quiero releer, le di total preferencia a Maya y su cuaderno. 

El caso es que por un lado, me han pasado dos libros de "lectura obligatoria", que no supondrían un problema porque son finitos, pero ambos son ese tipo de libros que uno tiene que leer lentamente, dejándolos al poco para pensar sobre lo leído y comprender antes de seguir adelante con las páginas. Por si fuera poco, hoy me ha caído del cielo otro libro, este bastante gordo, y me atrevo a decir que con su complicación añadida. 

El tema es que cuando tengo tantas cosas juntas para leer, me pongo casi nerviosa. Quiero leerlos todos a la vez, y si caigo en una página que no me interesa mucho, mi mente empieza a divagar y me planto en otro de los libros, pensando cómo seguirá o qué interesante me resulta tal cosa que dice... Un desastre, vamos.

Y ahora estoy un poco como los niños pequeños, con varios juguetes delante que sé que no puedo usar a la vez y queriendo coger uno y otro, pero sin soltar el que tengo en las manos. Me conozco y pasaré de la duda a los nervios, y de los nervios a la mala leche. Culo veo, culo quiero. ¡Y los quiero todos!

Solo me faltaba eso: tener delante diez libros para leer y cabrearme.




"Hay días que me levanto del revés, que por mucho que me busco no me encuentro en el espejo..."

15 maneras de decir amor 
-María Frisa-