martes, 30 de abril de 2013

TE LLEVARÉ A UN LUGAR DONDE TODO ES POSIBLE

Hace tres semanas, Alicia Layunta contactó conmigo ofreciéndome reseñar el nuevo libro de Laurent Gounelle: Te llevaré a un lugar donde todo es posible.

Y no me lo pensé. Porque si bien el final de su anterior novela (No me iré sin decirte adónde voy) me dejó un regusto amargo porque me pareció más bien malo, el resto de la novela me resultó digna de elogio y con una profundización psicológica maravillosa. Por lo que a los pocos días tenía el libro en casa, y aunque sólo son 283 páginas, a causa del trabajo no he podido leerlo a la velocidad que acostumbro. Pero por fin puedo reseñarlo.

Esta vez, Gounelle nos lleva a la selva de la mano de Sandro, un profesor universitario que lo deja todo para ir al Amazonas donde espera solucionar una cuenta pendiente con la vida y tal vez, paliar el dolor y derrotar a los fantasmas que no le permiten seguir adelante con su vida: la muerte de su esposa en esa selva.

Se adentra en la selva en busca de una tribu concreta junto con tres ex soldados, hombres violentos que han pasado su vida luchando y no ven más allá del dolor y el sufrimiento que pueden llegar a provocar. Haciendo de guías, guardaespaldas y si fuese necesario, de sicarios, los cuatro hombres llegan al corazón del Amazonas y acampan junto a la tribu a la espera de las ordenes de Sandro. Porque este hombre que no es más que un inmenso sufrimiento andante, tiene un objetivo: aniquilar a toda la tribu pero no de forma física, sino una destrucción lenta y metódica, exclusivamente psicológica.

Llegados a este punto, el lector se hace preguntas obligatorias, en mi caso en el siguiente orden: ¿qué motivo le lleva a Sandro a querer aniquilar a los indios? ¿Qué relación existe entre su difunta esposa y esa tribu? ¿Qué se pretende mostrar entre dos culturas tan distintas como son un hombre americano de clase media y un grupo de indios que viven de lo que la naturaleza les proporciona y nada más?

Probablemente surgen más preguntas, pero creo que esas son las más importantes y las que sin duda se van despejando a lo largo de la lectura. En general, tanto Sandro como los sicarios y los indios, el Amazonas y la naturaleza, me han parecido algo puramente simbólico.

Intentaré explicarlo sin spoilear ni destapar los hechos. Creo que todos diferenciaremos a Sandro y los indios de forma rápida: Sandro viene de una sociedad moderna, en la que manda el dinero, donde la distinción de clases, de sexos y bienes materiales marca la diferencia entre las personas. Sin embargo los indios son personas sencillas, muy puras, que viven de lo que la propia selva les proporciona, que conviven en armonía porque nadie es más que nadie y sobre todo, nadie tiene más que nadie. Al contrario que nosotros, ellos no entienden que alguien sea quien es por lo que posee, sino por su propia persona y sus actos para con los demás. Así que tenemos las dos caras de la moneda: la inocencia rota y la inocencia pura.

Y como tal, el plan de Sandro es aparentemente sencillo: si los indios son puros, están totalmente expuestos a la contaminación de su espíritu, sobre todo cuando no lo esperan ni lo ven venir.

La técnica psicológica es impresionante, pero no tanto como la conciencia que toma el lector mientras lee. Porque definitivamente, es imposible separar la propia conciencia de la lectura y en ocasiones resulta tan duro que yo tuve que dejar de leer y continuar un rato después.

No me ha convencido el escenario, y es que el “rollo” (siento mucho usar esta palabra, pero para mi es la más adecuada) que tienen los indios con la naturaleza me aburre soberanamente. Pienso que un ejemplo podrían ser los niños; un grupo de niños pequeños son tan puros como esos indios, pero entiendo que en conjunto, Gounelle se vale de muchas ventajas usando la selva como escenario.

No solo eso, sino la cantidad de personajes, tanto principales como secundarios consiguen transmitir distintas personalidades y por lo tanto distintas formas d  sufrir, ser feliz y enfrentar la adversidad. En general, ese pequeño estudio del ser humano y sus reacciones ante la vida me parece estupendo y muy interesante.

Respecto al lenguaje, es de los que siempre me han gustado: cercano, con una expresión que hace que todos podamos entender lo que hay entre líneas y nos permite profundizar y sentir con todos los personajes: los que sufren, los que ríen, los que agreden, los agredidos, los dolidos, los soñadores, los conciliadores, los que esperan, los que desesperan... El autor ha sido capaz de conseguir que el lector empatice con todos y se reconozca a si mismo en prácticamente todas las situaciones que surgen.

Con el final me ha ocurrido lo mismo que la última vez: no termina de gustarme, pero en la línea del misticismo de Gounelle, es mejor y más adecuado, aunque poco realista. Pero este tipo de detalles, cosas que saltan a la vista que no podrían suceder, ocurren durante toda la novela, y la mejor forma de pasarlos por alto es recordando que efectivamente, se trata de un libro.

Recomiendo leerlo porque es una pequeña cura de humildad y una gran ayuda para entender las actitudes extremas de algunas personas que nos rodean, así como las propias. Porque es un libro que saca lo mejor y lo peor del ser humano.

Y es que como dice mi padre, ni los malos son tan malos ni los buenos son tan buenos.

Muchas gracias, Alicia, por este regalo.




TE LLEVARÉ A UN LUGAR DONDE TODO ES POSIBLE
-Laurent Gounelle-
Editorial Planeta, año 2013
PVP. 18,90€



lunes, 29 de abril de 2013

Volver...

¿Qué decir? Desaparecí completamente del mapa. No dejé de leer, pero el cambio radical no solo de momento, sino de vida, me ha impedido dedicar tiempo al blog. Mentiría si dijese que pensé en abandonar y cerrar el chiringuito, pero no fui capaz. Tampoco quise entrar más en vuestros blogs, porque sufría. No pretendo dramatizar, espero que se entienda esa expresión.

Ahora que empiezo a asentarme me he obligado a volver, por mi, por el blog, por las sonrisas que me ha pintado en la cara, por los mensajes anónimos que me han ido llegando al correo preguntándome si me pasa algo, si tengo otro blog y en ese caso si podría poner la dirección. Gracias a quienes me han escrito diciéndome que algunas de mis reseñas les han motivado a leer ciertos libros que han disfrutado mucho. Gracias, mil veces gracias. Por esa luz, por esa ternura, por esos momentitos. Y perdonad por esas lecturas conjuntas olvidadas y de las que desaparecí, me hago la idea lo que puede llegar a doler y lo feo que resulta.

Todavía intento hacerme a la idea de volver y tengo un par de reseñas preparadas. Mañana subiré la primera, porque no quería reaparecer sin decir todo esto. Aun no sé si seré capaz de mantener abierta la opción de comentarios, porque tampoco sé si seré capaz de comentaros a vosotros a pesar de leeros. 

A muchos os sigo en Facebook, a otros os he perdido la pista, y aun así no se me olvidan muchas expresiones, muchas formas de alabar un libro. Supongo que hay cosas que no se olvidan.